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Edición Especial sobre la CBI

 
 

Membresía y Polarización Ideológica de la CBI

Con la reciente renuncia de Venezuela, la Comisión Ballenera Internacional queda integrada por 40 estados miembro. Cuatro de estados miembros (Kenia, Senegal, Costa Rica y Perú) están constantemente "ausentes" en las reuniones de la CBI, quedando activos solo unos 36 estados.

Como en todo foro "politizado" o de generación de políticas, los miembros de la CBI pueden están separados en distintas facciones. La división fundamental radica entre las naciones que invocan el uso sostenible, limitado y estrictamente controlado de la ballena, y aquellas que votan constantemente contra la reanudación de la caza y bregan públicamente acerca de su firme oposición al uso de las ballenas cualquiera sea su fin. Este último grupo se autocalifica como de naciones de cierta "afinidad" de pensamiento. Ambos grupos están prácticamente divididos en partes iguales, siendo 15 los de "afinidad" y 13 quienes están a favor del "uso sostenible" La balanza del poder, hasta el presente, se inclina a favor del grupo de "afinidad" debido a la frecuente alianza de seis naciones: Argentina, Chile, México, España, Sudáfrica y Suiza. Otras dos permanecen generalmente neutras: Dinamarca y Omán.

El grupo de "afinidad" que se opone a la caza de ballenas está compuesto por: Alemania, Australia, Austria, Brasil, Estados Unidos, Finlandia, Francia, India, Italia, Irlanda, Mónaco, Países Bajos, Nueva Zelandia, Países Bajos, Reino Unido y Suecia. El grupo a favor del uso sostenible está compuesto por: Antigua y Barbuda, China, Dominica, Granada, Guinea, Japón, Corea, Noruega, Rusia, St. Kitts & Nevis, Santa Lucía, San Vincente y las Granadinas, y las Islas Solomon.

La contienda de las naciones "pro-uso" versus las "anti-uso" constituyen una irónica realidad. La realidad es que las naciones anti-uso son las verdaderas responsables por la matanza indiscriminada de grandes cetáceos impulsada por su insaciable necesidad de aceite para lubricar e iluminar su glorioso ingreso a la era industrial. De algún modo, fue gracias a esta explotación desregulada de cetáceos que estas naciones forjaron su crecimiento y ahora se encuentran entre las naciones más poderosas y desarrolladas del planeta. Fue debido a esta sistemática destrucción del recurso de la ballena que se originó la creación de la ICRW y la CBI.

En el caso de las naciones miembro de la CBI que están por el "uso sostenible", se trata de pueblos que cuentan con una fuerte tradición y dependencia ligada a la ballena como fuente de identidad cultural y nutricional. Existe en este caso una historia de coexistencia y no de destrucción. Varias de estas naciones son consideradas emergentes o del "tercer mundo", por lo que no pueden aspirar a tener el poder económico y político de naciones anti-balleneras como los Estados Unidos, el Reino Unido y Alemania.

La tensión ideológica entre las naciones con "afinidad" y las pro-uso sostenible no es la única razón de la inacción de la CBI en la finalización e implementación del régimen global de ordenación de la ballena. Si analizamos en profundidad el motivo de la inercia de la CBI apartándose de su misión primordial, veremos que existen efectos secundarios tales como el fraccionamiento de los océanos transformados en "santuarios" para cetáceos. Esto demuestra claramente los objetivos de las poderosas naciones que se oponen a la utilización del recurso de la ballena.

Podemos concluir que de la relación entre la CITES y la CBI, son menos de 20 países que deciden por más de 150.
 

 
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