continuación
reproducimos una carta enviada por el Secretario General de la CITES, Willem W.
Wijnstekers, al Presidente de la CBI, Sr. Michael Canny. En ella se expresa
gráfica e ingenuamente la verdadera preocupación originada por la
polarización política dentro de la CBI, que ha derivado en décadas de
inacción en la implementación del mandato de la CBI y las controversias en
torno a ella.
De acuerdo a los criterios CITES para la inclusión de especies
en el Apéndice I, existen muchas especies de cetáceos que no cumplen con los
mismos, ya que se trata de poblaciones muy numerosas. Por ejemplo, la población
del Pacífico oriental de la ballena gris cuenta con datos científicos que
estiman un mínimo de 23.000 ejemplares desplazándose anualmente desde el Mar
de Bering hasta la Baja California. Esta cifra excede significativamente a
aquella densidad poblacional estimada en el siglo 19, cuando los océanos del
mundo estaban infectados de naves balleneras en busca de aceite de ballena. En
aquel momento se estimaba una cantidad inferior a los 15.000 ejemplares.
Si además de estas cifras tomamos en cuenta el millón de
rorcuales de aleta blanca (o minke), los dos millones de especímenes adultos de
cachalote, entre otras especies, y nos referimos a su inclusión en el Apéndice
I nos encontramos con un conflicto de credibilidad científica y de sentido
común. Estas especies no caben dentro de la definición de
"amenazadas" o "al borde de la extinción", mucho menos
dentro de aquellos de la CITES que refieren a especies amenazadas por el
comercio u otro tipo de presión ambiental.
La Secretaría CITES ha tomado conciencia que si desea perdurar
como una entidad relevante, debe salvaguardar su credibilidad como una legítima
organización internacional de reglamentación. Debe continuar siendo percibida
por el público, los medios y los decisores políticos como una entidad que basa
su existencia misma en la ciencia y no en la sensibilidad de ciertos sectores.
Aun así, cualquier apariencia que insinúe un favoritismo parcial hacia los
países más poderosos y ricos, más allá de los hechos científicos,
significará el comienzo del fin de la CITES. Esta preocupación parece ser el
motivo fundamental de la siguiente carta: 