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Edición Especial sobre la CBI

 
 

Reunión de la CBI en Adelaida:
Cargada de Teatralidad, Liviana de Substancia

La 52ª reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI 52) realizada durante el mes de julio en Adelaida, Australia, se caracterizó por su orquestada teatralidad política y no por la sustancialidad de sus debates. A pesar de los reclamos de personalidades, países, ONGs, y organizaciones como la CITES acerca de las décadas de impase que la CBI lleva sin implementar un programa global de ordenación de la ballena, el estancamiento continúa. En vez de resolver los conflictos emergentes de las alegaciones sobre el estancamiento del Esquema de Ordenación Revisado (RMS) y del Procedimiento de Ordenación Revisado (RMP), los delegados se dedicaron a discutir si es necesario o no crear un Santuario en el Pacífico Austral.

La CBI 52 puso de relieve la estrategia obstruccionista de las naciones de "afinidad" por el anti-uso. La moratoria mundial para la caza de la ballena, como bien saben los observadores de la CBI, fue establecida en 1982 a efectos de otorgar a los científicos de la CBI el tiempo necesario para recabar datos sobre la densidad poblacional de las ballenas. En 1990, se cumplía el plazo para levantar esta suspensión "temporaria" de la caza. La fecha pasó y la moratoria no fue levantada. Los países de "afinidad" no solo rechazaron el levantamiento de la moratoria, sino que han generado una campaña de protesta contra los legítimos esfuerzos de países como Japón, que lleva a cabo estudios científicos encomendados por la CBI, los mismo estudios que algunos países de "afinidad" consideran extremadamente necesarios.

Una artimaña utilizada recurrentemente por la coalición de países anti-uso es la de solicitar la "ampliación" de ciertas condiciones, como el caso del RMP al que se le agregó la ampliación de un RMS, el que aun dilata su terminación debido a la inacción de la CBI. En Adelaida, una Resolución que solicita la culminación del RMS encontró una nueva artimaña.

Las naciones de afinidad dictaron que la culminación del RMS no significa que se levanta automáticamente la moratoria. De acuerdo a la voluntad de estas naciones que aun representan la mayoría en la CBI, se podrán agregar otras condiciones al RMP, y dichas condiciones deberán ser cumplidas para que se permita la reanudación de las capturas.

Mientras tanto, la presión para el establecimiento de Santuario en el Pacífico Austral constituye un componente más de la estrategia de los países anti-uso para declarar todos los océanos del mundo como zonas prohibidas para la caza de ballenas. Una vez alcanzado este objetivo, la necesidad de un sistema de ordenación global para la ballena y la caza de la ballena será obsoleto.

La teatralidad en torno a las presiones para la creación de un Santuario en el Pacífico Austral fue lamentable. Jóvenes que manifestaban fuera del recinto de la CBI apuntaban de manera provocativa a los delegados a favor del uso sostenible. Dirigidos evidentemente por organizadores extremistas, estos manifestantes "pro-santuario" desafiaban a los delegados pro-uso y a los observadores al grito de "bárbaros", "crueles" y "asesinos" y con duras acusaciones acerca de la "compra de votos."

Dentro del sala de conferencias, una impresionante asociación de autoridades de alto rango lideró los esfuerzos para la creación de este nuevo santuario. Las delegaciones de Australia, Nueva Zelandia y el Reino Unido fueron encabezadas por Robert Hill, Ministro de Medio Ambiente de Australia; M.S.Hill, Ministro de Medio Ambiente de Nueva Zelandia y Elliot Morely, Ministro de Pesca del Reino Unido respectivamente. El trío instó a la creación del santuario para "mejorar la protección y conservación de la ballena", "permitir que se lleven a cabo estudios científicos" y "ayudar a desarrollar el avistaje de cetáceos". Cada uno de ellos constituye un noble objetivo, pero ninguno requiere de un santuario para su realización.

Entretanto, sus respectivas delegaciones y las ONGs aliadas llevaron a cabo acciones poco honestas con el fin de desacreditar a quienes se opusieran al santuario. En ese contexto, comenzó un ataque frontal contra las naciones caribeñas, acusándoselas de haber vendido sus votos a Japón a cambio de asistencia financiera (ver artículo siguiente). Irónicamente, fue Australia quién, amenazando con reducir su ayuda financiera, quién forzó el retiro de la delegación pro-uso sostenible de las Islas Solomon.
 

 
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