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Boletín
electrónico de agosto - 2005 |
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IWMC
World Conservation Trust |
El Convenio de Estocolmo
sobre Contaminantes
Orgánicos Persistentes, COPs A poco más de un
año de su entrada en vigor
El
13 de mayo de 2004 entró en vigor el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes
Orgánicos Persistentes (COPs). El mundo ha dado un gran paso para terminar con
el envenenamiento global de ecosistemas y personas con la entrada en vigor del
Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs). Este
Convenio es el primer acuerdo global orientado a detener la producción y el uso
de algunas de las sustancias más tóxicas del mundo, conocidas como la
"docena sucia". Se trata de substancias tóxicas que han sido
relacionadas con el cáncer y daños en el sistema inmunológico y reproductivo
de las personas. También son tóxicas para la vida silvestre, dañan
ecosistemas y amenazan especies de la vida silvestre.
Los
países que han ratificado el Tratado tienen la obligación de comenzar a
trabajar para eliminar la producción y el uso de los químicos listados bajo el
mismo. Los países desarrollados, en gran parte productores de esos tóxicos y
que pueden pagar su eliminación tienen la obligación de contribuir financiera
y tecnológicamente con los países que no cuentan con recursos para ello. De
esta manera, éstos países podrán eliminar esos tóxicos peligrosos y comenzar
a utilizar sustancias menos dañinas.
Algunos países en desarrollo recibieron
químicos peligrosos que fueron prohibidos en países desarrollados. "No
hay virtualmente un país en desarrollo o de economía en transición que no
tenga depósitos de plaguicidas obsoletos" afirmó Klaus Toepfer, Director
Ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). La
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
(FAO) estima que podría haber aproximadamente medio millón de toneladas de
plaguicidas obsoletos en estos depósitos. Se cree que cerca de 20.000 toneladas
están depositadas en África, otras 80.000 toneladas en Asia y Latinoamérica,
y al menos 150.000 en países de la ex Unión Soviética. Los depósitos de
plaguicidas viejos pueden incluir una variedad de sustancias venenosas entre las
cuales se encuentran el arsénico y el mercurio. Los plaguicidas almacenados
contemplados por el Convenio de Estocolmo (endrin, mirex, toxafeno, clordane,
heptacloro, aldrin, dieldrin) están asociados con numerosos efectos nocivos
para la salud humana como daños al sistema nervioso e inmunológico, serias
lesiones a órganos internos como riñones e hígado y cáncer.
En varios países existen depósitos de
químicos obsoletos almacenados en barriles oxidados o en condiciones poco
seguras, contaminando suelo y agua, poniendo en riesgo la salud de nuestros
niños y adultos, y amenazando la diversidad biológica, sus productos y
servicios. El Convenio ofrece ayuda para hacer frente a este y otros desafíos
que enfrentan los países en desarrollo y de economías en transición.
Es muy posible que todos los seres humanos
porten pequeñas cantidades de estos químicos en su cuerpo. Los COPs son
compuestos altamente estables que pueden permanecer por años o décadas antes
de que se destruyan. Estos químicos circulan globalmente a través de un
proceso conocido como "efecto saltamontes." La liberación de COPs en
un lugar del mundo puede, a través de un proceso repetitivo de evaporación y
depósito, ser transportados a través de la atmósfera a regiones muy lejanas
de la fuente original. Además, los COPs se concentran en los organismos vivos
mediante otro proceso llamado bioacumulación. Aunque no son solubles en agua,
rápidamente son absorbidos por el tejido graso, donde la concentración puede
aumentar unas 70.000 veces . Los peces, las aves predadoras, mamíferos y seres
humanos están ubicados en la cima de la cadena alimentaria y acumulan las
mayores concentraciones. Cuando se trasladan, los COPs viajan con ellos.
Cuanto mayor sea el número de países que
ratifiquen el Convenio, mayores serán las posibilidades de eliminar estos
tóxicos. Aquellos que no ratifiquen el Convenio no podrán contar con la
asistencia financiera y técnica que los países desarrollados han acordado
brindar. Es una oportunidad única para eliminar prontamente los depósitos de
plaguicidas y químicos industriales obsoletos que contaminan el ambiente,
amenazan la salud humana y a las especies de fauna y de flora, y para agregar
nuevos químicos peligrosos a la lista de aquellos que deben ser eliminados.

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