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Boletín
electrónico de septiembre- 2005 |
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IWMC
World Conservation Trust |
Hemos exagerado lo superfluo
y nos quedamos sin lo necesario
La
crisis ambiental seguirá siendo una de las características más preocupantes
del siglo XXI. La cantidad de regiones en las cuales el hombre sufre los
inconvenientes provenientes de sus actividades, provoca sin ninguna duda serios
temores por el futuro. Amplios sectores de la población ya dudan de la
capacidad de la humanidad de dominar esos problemas originados por el desarrollo
a mansalva de su economía.
Todo ser viviente, por el hecho mismo de
existir, contribuye a la evolución del ecosistema en que habita. Los
ecosistemas evolucionaron en ausencia del Hombre . No se trata entonces de
pretender bloquear la evolución de nuestro planeta y de poner la naturaleza en
una lata de conserva. Lo que sí se impone es impedir que el Hombre, por sus
actividades, comprometa el funcionamiento del sistema y de esa forma no sólo
sus futuras posibilidades de intervención sino también de su propia
supervivencia.
La importancia de los disturbios ambientales en
la vida de los países revela que han alcanzado niveles que ya no es más
posible desestimar. Desde que el Hombre supo hacer fuego, fabricar herramientas,
cultivar plantas y domesticar animales ha perturbado a menudo gravemente el
funcionamiento de los ecosistemas. Sin embargo, el Hombre no puede permitirse
más el lujo de tratar los problemas ecológicos con el desparpajo y la
irresponsabilidad actuales. Sería infantil creer y afirmar que la ciencia
resolverá todos los problemas: nadie duda del triunfo del conocimiento que ha
permitido comprender las reacciones nucleares, sintetizar nuevas moléculas,
viajar fuera de nuestra atmósfera y resolver tantos otros delicados problemas
que enfrentó y enfrenta el Hombre. Sin embargo, no debemos dejarnos llevar por
el triunfalismo idealista, de tradición positivista, de que la ciencia está
ahí para defendernos. La ciencia y su expresión más mediata, la tecnología,
también han demostrado muchas veces su alta nocividad. Los conocimientos
científicos no han impedido el desarrollo de estrategias erróneas que han
comprometido y comprometen seriamente la economía humana y la economía de la
naturaleza.
Es de esperar que todos aquellos llamados a
tomar decisiones cualquiera sea su tendencia ideológica, se ocupen de una vez
por todas del problema ambiental que aqueja a los pueblos y que se den cuenta de
que el progreso, el crecimiento económico, social, cultural o político de las
comunidades humanas, es decir el desarrollo, no es posible si no se respetan las
básicas leyes del entorno que nos permite vivir. 
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