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Boletín electrónico de octubre - 2005

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Lo que usted quiso saber sobre biotecnología
y transgénicos y nunca se animó a preguntar

La Biotecnología es una técnica que usa los organismos vivos, o sustancias de estos organismos para hacer o modificar un producto, mejorar plantas o animales, o desarrollar microorganismos para usos específicos.

Algunos científicos ven en las biotecnologías la segunda gran revolución industrial de la historia, como un producto del gran poder científico, tecnológico y económico, resultante de la convergencia de los avances en la genética y los avances en la electrónica, llamando a esta nueva era “Siglo de las Nuevas Biotecnologias”. El que está caracterizado por una gran capacidad de moldear la naturaleza y crear una fauna y flora “bioindustrial”.

Para algunos impulsores esta revolución biotecnológica puede ser una de las soluciones para alimentar a un mundo creciente, donde viven mil millones en absoluta pobreza y hambruna. Las nuevas metodologías abren posibilidades que transformaran la agricultura del futuro. Hasta ahora los primeros transgénicos (OGMs) que ingresaron al mercado apuntan a satisfacer a los productores, permitiéndoles bajar los costos, reducir el trabajo y aumentar los rindes, como el caso de la soja RR, el maíz y algodón BT.

Trataremos de incursionar muy someramente sobre las desventajas, riesgos, miedos e intereses en juego tras de esta tecnología.

Para países con larga trayectoria agro-ganadera y por el grado de desarrollo e incorporación, la Biotecnología es muy importante. La Argentina es el segundo productor mundial de granos genéticamente modificados, detrás de EEUU. En la última campaña se sembraron 7,5 millones de hectáreas con semillas de soja, maíz y algodón transgénico.

Cerca del 90% de la superficie sembrada con soja en Argentina es transgénica y está derivada en su mayor parte a la exportación, siendo una muy fuerte fuente de ingresos para el país y en particular para el sector agrícola. Pero entonces uno se pregunta ¿por qué tanta oposición a estos productos?.

Es cierto que la humanidad en su historia ha crecido con saltos en su desarrollo científico – tecnológico, con grandes avances que con el devenir del tiempo debieron ser reconsiderados y administrados con una mayor cautela dado los efectos nocivos que inicialmente eran desconocidos. (Ejemplo: el DDT, algunos pesticidas y el uso de energía nuclear, entre otros.).

Por ello, es que hoy en el mundo y fundamentalmente luego de la Reunión Cumbre de Río de Janeiro de 1992, se ha incorporado, inclusive a nivel normativo, el “Principio de Precaución”; el que establece que: “la ausencia de certeza científica no debe demorar la adopción de medidas efectivas y proporcionadas para evitar daños graves e irreversibles al medio ambiente o a la salud humana”.

Este principio lo tenemos incorporado en nuestra legislación a través de la ratificación de la Ley de los Convenios de Diversidad Biológica y de Cambio Climático. Sin embargo, algunos sectores hacen una mala interpretación para justificar barreras comerciales (no arancelarias) de importación de productos, es decir, bajo la evocación de este principio algunos países lo utilizan como pretexto para impedir el ingreso de determinadas mercaderías.

Poco se conocen sobre los daños a la salud que puedan producir los OGM. Respecto a los problemas con la Diversidad Biológica no se encontraron casos categóricos de importancia, salvo casos aislados. Sin embargo esta falta de certeza no debiera ser tomada como una verdad absoluta, debiéndose tomar muchas precauciones en la liberación de estos OGMs al medio, su uso y el de sus derivados y hacerse las evaluaciones de riesgo para cada producto antes de liberarse. Temores como la generación de resistencia a los antibióticos para el hombre por el consumo de los mismos, o el riesgo de transferir la resistencia a pesticidas o plagas de algunos cultivos de OGMs a otras especies con sus consecuencias, no son cuestiones menores para desestimar.

La luz de una nueva tecnología no nos debe encandilar; debe primar el concepto del Principio Precautorio y el preventivo.

Otras de las cuestiones, que ha generado la Biotecnología es que: por ahora, es una tecnología específica y muy costosa, siendo muy pocas las empresas que están en capacidad de desarrollarla, generando, una gran concentración del mercado en muy pocos grupos empresarios, (Consecuencias Monopólicas).

La segunda cuestión, es que se ha generado un fuerte debate colateral, dado que las empresas productoras de semillas en EEUU obligan a que los productores siempre le compren las semillas para la siembra y no usen parte de su cosecha para la siguiente campaña, esto en EEUU lo hacen a través de un contrato, no ocurriendo así en Argentina, ni tampoco se percibe la voluntad de aceptarlo, pudiendo generar a corto plazo fuertes discusiones entre la empresa americana (que amenazó con no traer mas innovaciones genéticas) y los productores argentinos. La cuestión, seguramente será un tema crucial en muy poco tiempo.

Por otro lado la posición de la Argentina en el marco internacional por razón exclusivamente económica (tal cual lo expresamos al comienzo de esta nota) ha estado muy cerca de EEUU, Canadá, Australia, Chile, Uruguay (Grupo Miami) en el marco de una negociación del Protocolo de Bioseguridad (dentro de la Convención de Biodiversidad) tratando de boicotear el avance de este instrumento sin esgrimir ninguna consideración de Salud ni Medio Ambiente, quedando en general en desacuerdo con la mayoría de los países Latinoamericanos y en desarrollo, (Grupo de los 77 Países más China).

Pero a pesar del Grupo Miami, el Protocolo se aprobó en Montreal, y aunque la Argentina terminó acompañando con el voto aún no ha sido ratificado por ley. En el mismo se establece, entre otros, la obligación de evaluación de riesgo y la identificación de los OGMs destinados al uso directo como alimento humano o animal, o para procesamiento con un rotulo que indica “que puede llegar a contener organismos vivos modificados”.

Esta cuestión que parece menor, no lo es, puede significar que toda la producción argentina de algunos tipos de granos quede con ese rotulado (con la posible diferenciación de precio) o que se tenga que seleccionar e identificar los que No contengan OGMs generando un costo adicional; cuestión por la cual algunos sectores se resisten a la ratificación del Protocolo.

La mayor resistencia en el marco internacional lo realiza la Unión Europea (UE) y esto guarda una fuerte relación con los subsidios internos. La UE destina el 9% del presupuesto asignado a las políticas agropecuarias a subsidiar sus productores agrícolas (que de otra manera no subsistirían), lo que equivale a un subsidio directo de unos 3.000 millones de dólares anuales; por lo que percibe como amenazante una nueva tecnología que permita disminuir los costos de producción significativamente, provocando como efecto directo un inmediato incremento de los subsidios para poder competir internamente con los precios de los países no UE, que adopten el uso de los OGMs.

Lo cierto es que la estrategia que utiliza la UE para contraatacar a los OGMs, ha sido sumamente exitosa y esta basada en dos premisas: la primera es que el consumidor europeo con su nivel de ingresos (medio alto) tiene la capacidad económica de optar sobre los productos a consumir; la segunda es explotar los temores que a raíz de las tristes experiencias que tuvieron con “la vaca loca” y más recientemente con el “pollo loco”, le permitió sumar una gran resistencia de los consumidores a estos productos y sus derivados (lo que en realidad parecería estar incentivado por propios gobiernos de los países que luego utilizan la reacción como argumento para impedir el ingreso de los OGMs). De lo contrario no es entendible que toda esta reacción de la UE al uso de transgénicos (independientemente de que usen algunos) no se condice con una igual oposición respecto del uso de la Biotecnología para los productos farmacológicos que desarrollan y consumen.

Los consumidores debemos estar informados de lo que consumimos y tenemos el derecho de exigirlo y optar, que el solo hecho de tildar un producto como “comida basura” o “Frankestein” no es suficiente, debemos exigir conocer argumentos válidos, pero tampoco ir al extremo de que como, todavía no hubo consecuencias palpables, decir que el producto es inocuo. Entre esos dos límites debiéramos tomar las precauciones en su uso y elaborar una estrategia comercial para evitar sorpresivos cierres de mercados y orientar a nuestros productores sobre cuales pueden ser las diferentes alternativas, los riesgos, oportunidades y ventajas de la producción de OGMs y tener una clara y coherente política de producción sustentable y exportación agrícola.

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