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Boletín
electrónico de noviembre - 2005 |
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IWMC
World Conservation Trust |
Elefantes africanos: ¿Cómo
morir?
Editorial por Jaques Berney
Desde
hace meses, por no decir años, Sudáfrica se encuentra confrontada a lo que
parece ser un dilema, aunque en realidad no lo sea: ¿se puede retomar la saca
selectiva de elefantes en el Parque Nacional Kruger? Esa actividad terminó en
1995, después de largos debates con los grupos de defensa de los derechos del
animal, tales como IFAW et la HSUS, que ofrecieron pretendidas compensaciones
bajo la forma de donaciones para comprar tierras con el objetivo de transferir
algunos animales, o para experimentar métodos contraceptivos. Aunque el
Ministro del Ambiente aún no ha dado su acuerdo formal, parece que se ha tomado
la decisión de retomar esa saca. Hemos sabido, a través de la African Hunting
Info, que el ministro visitó recientemente, junto a funcionarios de Parques
Nacionales sudafricanos, algunos países europeos para explicar a los
representantes gubernamentales y de ONGs por qué los efectivos de elefantes
deben ser reducidos y, pensamos, para obtener alguna seguridad de no ser
criticados muy vivamente cuando la saca selectiva se recomience.
Paralelamente, existen algunos dramáticos
informes emanados del también famoso Parque Nacional Hwange, en Zimbabwe, donde
por lo menos 50 elefantes habrían muerto y donde se espera que muchos otros
también mueran debido a la falta de alimento y de agua. La región, al igual
que en otras de África Austral, sufre una vez más una grave sequía.
Funcionarios de Zimbabwe han sugerido el desplazamiento de elefante de Hwange
hacia Namibia pero el Director de Parques y de la Gestión de Especies
Silvestres de ese país reaccionó, según la African Hunting Info, diciendo que
Namibia no puede de ninguna manera recibir más “jumbos”; por otra parte ese
país ya posee suficientes elefantes.
Estos dos hechos deben ser examinados al mismo
tiempo, ya que provienen del mismo problema. ¿Cómo gestionar las poblaciones
de elefantes cuando el número se torna excesivo con respecto al hábitat del
cual disponen? Mientras que la población existente en el Parque Nacional Kruger
se mantuvo durante años en aproximadamente 7000 elefantes, aumentó
regularmente después de haberse suspendido la saca de animales. A pesar de un
cierto número de desplazamiento de efectivos y de la apertura de nuevos
territorios, especialmente gracias a la eliminación de barreras con Mozambique,
esta población ha probablemente duplicado en la actualidad. En el Parque
Nacional de Hwange, cuya capacidad está estimada en aproximadamente 45.000
elefantes, la población cuenta actualmente con más de 75.000. Esas densidades
presentan graves consecuencias para el hábitat, especialmente en caso de
eventos climáticos negativos, en particular la sequía. Eso perjudica a otras
especies y al mismo elefante, como lo demuestra la situación actual en
Zimbabwe. Debe encontrarse una solución antes de que se produzcan grandes
desastres allí como en otros sitios, que soportan condiciones similares.
Es evidente que ese tipo de problemas no es
propio ni del elefante africano ni de África austral. Numerosos países en el
mundo entero se ven confrontados a dificultades análogas, por ejemplo, el
Jabalí en Europa, el zorro, algunos cérvidos y el castor, en América del
Norte, sin mencionar las focas, en Australia con los canguros y algunas especies
de loros, etc. En todo esos países, el problema no se ha transformado en un
dilema. Se comprende simple y lógicamente, en particular por parte de los
gobiernos, que esas especies deben ser gestionadas y, con el fin de prevenir su
pululación, deben ser cazadas o controladas. Excepto las focas, eso ocasiona
pocas campañas de protesta, podríamos decir que casi ninguna. En lo que
concierne al zorro, por ejemplo, grupos de defensa de los derechos del animal
pueden elaborar afiches o panfletos al respecto, pero no cuestionan la caza sino
que condenan en forma unánime el uso de su piel por parte de la industria
peletera. El Reino Unido es o era, sin embargo, una excepción, debido a la caza
tradicional del zorro muy arraigada en ese país. Muy pocos de esos grupos
proponen que se utilice métodos anticonceptivos para el jabalí o para los
cérvidos, aunque no consideran a esas especies como amenazadas de extinción,
como lo pretenden con respecto al Elefante africano. ¿Por qué esa diferencia
de actitud? Porque saben perfectamente que esa protesta no tendría ningún
efecto en las autoridades y, sobre todo, se transformaría en un fiasco total en
lo que concierne a la recolección de fondos. El elefante, sin embargo,
representa una muy buena ocasión para ello! Se han recolectado millones de
dólares para “salvar” a los elefantes, aunque muy poco de ese dinero haya
llegado a los países del área de distribución con el objeto de ayudarlos a
conservar la especie.
Por tal motivo, debemos apoyar vigorosamente a
Sudáfrica, así como a otros países como Zimbabwe, cuando desean retomar la
saca selectiva, porque es necesaria para prevenir la sobrepoblación de
elefantes africanos y la destrucción del hábitat. De todas maneras no es
necesario que soliciten el permiso de otros gobiernos o de ONGs. Los primeros no
le piden permiso si deciden autorizar la caza en sus territorios y si el punto
de vista de las segundas puede ser tomado en consideración, entre otras
opiniones, no debería en ningún caso influir sobre la decisión final. Por
otra parte, los gobiernos de esos países no deberían escuchar a las ONGs
cuando éstas hacen chantaje cuando pretenden que retomar la saca selectiva de
elefantes perjudicaría a sus intereses turísticos, con el pretexto que el
turismo internacional los sabotearía. La caza y
saca selectiva pueden perfectamente coexistir con el turismo, si se llevan a
cabo correctamente, lo que fue demostrado en numerosos sitios, incluido el
Parque Nacional Kruger, antes de 1995. Con respecto a los métodos
anticonceptivos, que es considerado por algunas ONGs como una solución
potencial, es simplemente indecente que personas que consideran a una especie
como amenazada de extinción puedan llegar a proponer impedir su reproducción.
Cerrar abrevaderos de agua, que también fue propone, no inspira tampoco mejores
sentimientos.
Además, no habría que olvidar que antes de la
suspensión de la saca selectiva en el Parque Nacional Kruger, el elefante
ofrecía cantidades considerables de carne a la población local humana, así
como otros productos de gran valor en los mercados internacionales. Los ingresos
económicos de la saca, aunque no están desprovistos de costos, pueden no ser
despreciables, favorece la conservación del elefante y de otras especies y
beneficia a las comunidades locales que comparten el mismo hábitat. Sin
embargo, eso presupone que el comercio internacional de esos productos pueda
llevarse a cabo. Por esta razón también, es necesario que la CITES admita de
una vez por todas que los países que han demostrado ser los mejores protectores
de sus poblaciones de elefantes puedan administrarlo de la mejor manera según
sus propios intereses. (los del elefante y los del país)
Si esos países
aún tienen dudas en lo que concierne sus derechos en la materia, deberían
preguntarle a los gobiernos en cuestión cómo reaccionarían si vieran
obligados a prohibir toda explotación de jabalís, de cérvidos y de canguros.

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