El Loro Hablador (Amazona aestiva), es un psitácido típico de
bosques secos y semisecos de América del Sur. Su área de distribución abarca
el suroeste de Brasil, centro y oeste de Paraguay y norte de Argentina. En este
país habita la región chaqueña y los llamados bosques de transición.
Durante la década del 80 esta especie ha sufrido una extracción intensa y
sostenida para ser utilizada como mascota, siendo la Argentina uno de los
mayores exportadores de psitácidos del mundo durante este período. Entre 1985
y 1989 salieron legalmente de este país más de 210.000 ejemplares sin que
existieran normas regulatorias de la actividad. El mercado interno durante este
período fue estimado en unos 14.600 ejemplares por año (Banchs y Moschione
1995), existiendo además un uso local o folklórico (extracción sin fines
comerciales) cuya demanda anual ha sido estimada en unos 4.800 ejemplares
(Moschione y Banchs, 1992). Es decir que, al menos durante la segunda mitad de
los 80, se extraían aproximadamente 61.400 ejemplares por año. Actualmente
existe un comercio ilegal significativo, aunque considerablemente menor.
Los factores negativos indirectos asociados a la extracción de ejemplares no
controlada son la destrucción sistemática de árboles-nido y la captura en
dormideros, factor que ha provocado su fragmentación o desaparición. En cuanto
a los controles sobre el comercio ilegal, se puede considerar que tienen
todavía serias deficiencias, posiblemente por su alto costo y dificultad
logística de realización. La comercialización de la especie bajo el sistema
tradicional, tampoco ha redituado beneficios económicos significativos a los
habitantes de la región.
Durante la década del 80 esta especie ha sufrido una extracción intensa y
sostenida para ser utilizada como mascota, siendo la Argentina uno de los
mayores exportadores de psitácidos del mundo durante este período. Entre 1985
y 1989 salieron legalmente de este país más de 210.000 ejemplares sin que
existieran normas regulatorias de la actividad. El mercado interno durante este
período fue estimado en unos 14.600 ejemplares por año (Banchs y Moschione
1995), existiendo además un uso local o folklórico (extracción sin fines
comerciales) cuya demanda anual ha sido estimada en unos 4.800 ejemplares
(Moschione y Banchs, 1992). Es decir que, al menos durante la segunda mitad de
los 80, se extraían aproximadamente 61.400 ejemplares por año. Actualmente
existe un comercio ilegal significativo, aunque considerablemente menor.
Los factores negativos indirectos asociados a la extracción de ejemplares no
controlada son la destrucción sistemática de árboles-nido y la captura en
dormideros, factor que ha provocado su fragmentación o desaparición. En cuanto
a los controles sobre el comercio ilegal, se puede considerar que tienen
todavía serias deficiencias, posiblemente por su alto costo y dificultad
logística de realización. La comercialización de la especie bajo el sistema
tradicional, tampoco ha redituado beneficios económicos significativos a los
habitantes de la región.
La cosecha de ejemplares se ha realizado tradicionalmente en dos regiones
distintas: bosque chaqueño y bosque de transición, en diferentes estaciones
del año y también sobre dos clases de edad diferentes: Durante meses de verano
(diciembre a febrero) se colectan pichones dentro de los bosques de la región
chaqueña, lo que implicaba en muchos casos la destrucción por volteo de los
árboles-nido. Durante meses de invierno (junio a agosto) se capturan ejemplares
voladores (adultos y subadultos) en cultivos de cítricos y en grandes
dormideros ubicados biogeográficamente dentro de los bosques de transición.