Todo un emblema, nuevamente los elefantes son tema
de discusión en esta Conferencia de la CITES. Aunque todos están
preocupados por conservar la especies, las aguas se dividen cuando se trata
de aplicar las medidas más efectivas.
Con un comercio de marfil afianzado, y con un trafico
ilegal muy preocupante, gobiernos y organizaciones no gubernamentales se
enfrentan y se acusan mutuamente por la responsabilidad en cuanto a las
mejores medidas para lograr que estos inmensos paquidermos sobrevivan más
allá del tercer milenio.
Reconocida la demanda, están quienes sostienen que la
única salida es prohibir cualquier tipo de comercio y enfrentar el
tráfico imponiendo normas más duras. Por otra parte, otras organizaciones
no gubernamentales (ONG) y gobiernos como Bostwana, Namibia, Zimbabwe y
Sudáfrica, reclaman obtener un cupo para la venta de marfíl, en beneficio
de los elefantes, las comunidades locales y la lucha contra el comercio
ilegal.
Y los datos parecen darles la razón. Entre 1973 y 1998, en
Kenia, un país con fuertes medidas proteccionistas, el número de animales
pasó de 120.000 a apenas 20.000. Mientras que la población de Zimbabwe,
donde se aplica un comercio regulado, la población se incrementó de
20.000 a 70.000 elefantes.
"Los datos son más que interesantes, porque mientras
que en Kenia la caza y el comercio del marfil disminuyeron la cantidad de
elefantes, en Zimbabwe el comercio regulado y controlado permitió aumentar
el número y obtener importantes beneficios a partir de la venta del marfil
para el estado", señala Eugene Lapointe, presidente de IWMC, Word
Conservation Trust, una organización que promueve el uso sustentable de
los recursos como herramienta de conservación.
En el año 1989, en la reunión de CITES en Lausana, los
países Parte decidieron ubicar al elefante africano en el Apéndice I, lo
que significó la prohibición total a cualquier tipo de comercio
internacional de productos y derivados del elefante africano. Años
después, en otra Conferencia, se autorizó a cuatro países para que
pudieran comercializar un determinado cupo de marfil, pasando la población
de esos países del Apéndice I al II.
Lapointe, quien fue además Secretario General de la CITES
entre 1982 y 1990, señala que existen países y organizaciones que se
oponen fervientemente a cualquier tipo de comercio, entre ellos el del
marfil, y que confunden a la opinión pública con informaciones
incorrectas.
"Hay que aclarar que la propuesta del grupo de países
africanos consiste en que cuatro de ellos puedan comercializar un stock de
marfil que tienen en depósito, y otro país, Zambia, quiere que su
población pase del Apéndice I al II. En ningún momento se propuso que
toda la población en todo los países del área de distribución del
elefante africano pasen al Apéndice I", aclara Lapointe.
"Es muy importante estudiar seriamente y con
responsabilidad la información oficial que disponen todas las Partes y
organizaciones, y en el caso del comercio del marfil mucho más", dice
el presidente de IWMC. "Es muy claro que, con un correcto manejo del
recurso como hace Zimbabwe, se beneficia la especie y las comunidades
locales; y con la prohibición total, como en Kenia, el elefante no tiene
mejoras y los habitanes de estos países siguen en la pobreza y sin mejores
perspectivas". 